Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo… ¡Qué importa éso!
Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello. Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven… no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… Valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta! Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
José Saramago
Premio Nobel Literatura 1998
2012 ha sido el año de los descubrimientos. Desde los más humildes a los más importantes. Hallazgos personales y profesionales, vitales muchos de ellos, tanto que me han ayudado a cerrar el año sintiendo que, de nuevo, tengo una meta hacia la que caminar. Pero una meta sin estridencias, sin imposiciones. Una meta a corto plazo, que una vez lograda será sustituida por otra.
Y esa finalidad se ha ido construyendo con pequeñas dosis de dudas, sospechas, inquietudes e indecisiones, tan inherentes a mi. Pero que me han hecho crecer como persona, como profesionales y como amiga.
Ahora ya sé que 2011 marcó un fin y un principio, pero hasta que no han pasado doce meses, no he sido capaz de ver con claridad hacia dónde caminaba. Porque 2012 ha sido el año de los descubrimientos, pero también de las contradicciones…
Quizá ha sido el año en que más sola me he sentido, pero también he tenido grandes compañías en los momentos más importantes. Esas que consiguen mantenerte dentro de la frontera del caos, las que te impulsan a seguir creciendo, las que te ayudan cuando no puedes ver más allá de tus lágrimas. Grandes compañías que me han dado la mano cuando todo se tambaleaba, cuando el suelo se desdibujaba bajo mis pies. Gracias.
2012 ha sido el año en que definitivamente he cerrado algunas puertas. Puertas de esas que casi siempre intentamos dejar entreabiertas aun sabiendo que mirar por la rendija duele, y mucho. Pero las he cerrado. Y al hacerlo, sin darme cuenta, se han ido abriendo otras que ni siquiera sabía que existían. Y me ha gustado tanto ver lo que hay al otro lado…
Porque 2012 me ha descubierto a otra yo y a la vez he sido más yo misma que nunca. Una persona capaz de dejar a un lado los miedos y las inseguridades; las ataduras imaginarias y las exigencias extravagantes; y emprender un nuevo camino. He sido capaz de entender que durante años me he aferrado al eslabón equivocado. ¿Por qué nos agarramos a cosas pretendidamente fijas si solo nos dan una falsa seguridad? Queremos un piso en propiedad, una trabajo fijo, amigos fieles, un amor para siempre… Y no nos damos cuenta de que todo eso no es seguro. Seguridad es una entelequia que nos hemos inventado para vivir más tranquilos. Pero cuando la realidad te golpea fuerte y te sumerges en un todo de provisionalidad, con el tiempo, los miedos desaparecen. Porque la provisionalidad también es buena, también puede sacar lo mejor de uno mismo.
2012 ha sido el año de consolidar en mi vida a grandes personas, gente importante, que me hace mucho bien. Pero también ha sido el año de dejar marchar a muchos otros que un día estuvieron ahí. Pero no me da miedo, porque al final, quien tiene que estar, encuentra el modo de llegar a la vida de los demás. Yo lo he hecho, y los que están cerca ahora también. Quizá quien se aleja algún día pueda volver a mi lado. Todo es una cuestión de paciencia, y de fe.
Estoy feliz porque este año, en el que he sentido duramente la tristeza, también ha sido el año en que he descubierto que ser feliz es una actitud, que si eres capaz de nombrar cinco momentos que te han hecho sentir bien cuando acaba el día, entonces ser feliz. Y cada día he hecho ese ejercicio y todos he podido comprobar que siempre he tenido cinco momento en los que he sonreído, o me he reído a carcajadas.
Gracias a los que estuvieron conmigo, a los que están ahora y a los que estarán algún día.
Feliz 2013.
Vía Marketing Directo:
1. resignación
Cuando la recesión comenzó a dar las primeras señales de alarma, este tipo de consumidores eran aparentemente los menos preocupados por la tormenta económica que se avecinaba, o al menos los más reacios a cambiar sus hábitos de consumo. Sin embargo, y a medida que la crisis ha ido echando raíces, ésta ha afectado de manera inevitablemente a su mundo. Aun así, y lejos de dejarse llevar por el pesimismo, estos consumidores se han resignado… a seguir viviendo y consumiendo. Una marca que ha sabido conectar, por ejemplo, con este tipo de consumidores es Coca-Cola, que en sus últimas campañas está apostando por la esperanza en tiempos difíciles.
2. resistencia
En su día, los consumidores encuadrados bajo esta segunda tipología, se enfrentaron a la crisis económica con una mentalidad de “lucha”, negándose a dejarse llevar por los presagios de los más agoreros. Para conectar con este tipo de consumidores, las marcas deben mostrarse desafiantes y presumir de fuerza ante la adversidad. Es el caso, por ejemplo, de Diesel que con su aclamada campaña “Be Stupid” animaba al consumidor a asumir riesgos y a tomar las riendas de sus propias vidas.
3. equilibrio
Para este tipo de consumidor, vérselas con la crisis es mostrar una actitud equilibrada, ser pragmático y sumar fuerzas para hacer frente a los desafíos. Las marcas que desean conquistar a este tipo de consumidor deben apoyar y reforzar las relaciones humanas. Es lo que hace, por ejemplo, Levi’s en la campaña “Everybody’s work is equally important” (El trabajo de todos es igualmente importante).
4. liderazgo
Este tipo de consumidores responden a las crisis demostrando al mundo que la crisis ha pasado por ellos de puntillas y que su poder adquisitivo sigue siendo el mismo de siempre. Para evidenciar que han logrado esquivar el tsunami económico, no dudan en presumir de sus riquezas. Una marca que ha sabido conectar con este tipo de consumidores es Louis Vuitton, cuyas campañas siguen haciendo hincapié en la calidad y el prestigio de sus productos, a los que presenta como inversiones a largo plazo.
5. defensa
Los consumidores englobados en este grupo fueron probablemente los más traumatizados por la incertidumbre de la situación económica y por eso necesitan grandes dosis de confianza y de tranquilidad. Es lo que hace, por ejemplo, la marca De Beerds, cuyas campañas hacen hincapié en el amor inalterable.
6. planificación
Para mucha gente, la planificación y la preparación son sus grandes herramientas para hacer frente a la recesión. Ahora, más que nunca, saben que no deben perder el control de sus ingresos. Su reto es lograr que su dinero sea suficiente para llegar a fin de mes e invertirlo sabiamente. Para llegar a este tipo de consumidores, las marcas deben apostar por la sencillez, la honestidad y la sinceridad.
(Fuente: marketingdirecto.com)

Como buena curiosa este fin de semana me he apuntado a un festival en el que, en teoría no se me había perdido nada. En teoría… Porque he aprendido muchísimo y he disfrutado rodeada de diseñadores.
A continuación os dejo una pequeña crónica redactada a partir de los tuits que fui publicando durante el Blanc Festival.
Cosas que he aprendido este fin de semana:
Los diseñadores son seres curiosos. Este fin de semana he constatado que les gusta dibujarse a sí mismos. Y son seres extranos, porque igual te bailan un pasadoble que crean un tipografía con miles de familias, y si les incitas un poco se levantan de sus asientos y bailan una conga, y dos, y hasta tres…Y son tan curiosos que incluso bailan al ritmo de Los Pantones.
Pero también son seres democráticos. Algunos solo muestran los trabajos que la mayoría quieren ver, como hizo Bungalow, que nos dio unas papeletas con las que votar qué queríamos que nos contaran.
Pero pese a lo curiosos que me resultan, los diseñadores no están tan alejados del planning como podría parecer. Fueron varios los ponentes (Run Design, Pati Núñez) que hablaron de la necesidad de contar una historia, de transmitir la esencia de un concepto para poder desarrollar su trabajo. Porque hay mucho de estrategia en el arte y el diseño: sobre la base de una buena investigación crean cosas maravillosas.
Los diseñadores también son seres capaces de hipnotizar al resto. Suben al escenario y, tras mostrar trabajos asombrosos y declarar abiertamente que quieren cambiar el mundo, como hizo Pep Torres, proyectan imágenes como la siguiente, mientras cuentan hasta tres para que, tras despertar, seamos capaces de cumplir nuestros sueños.

Porque como bien explicó Torres, “emprender es tener un sueño y lanzarse al vacío”, siempre sin olvidar que “la palabra chorrada no existe”. Siguiendo esta máxima fue capaz de crear su Museo de Ideas e Inventos.
En ese afán de ir más allá del trabajo, algunos han buscado la motivación en las cosas que les importan y han aplicado sus diseños a expresarlas. Como el caso de Toormix, que al estilo Google dedica el 20% de su tiempo a proyectos que le interesan. Así ha creado un espacio creativo donde diseccionar cadáveres de bicicletas, realizar workshops y mucho más.
Los diseñadores también son seres capaces de crear sueños de papel, como nos mostró Wanda Barcelona. Verdaderos sueños que cuando realmente son mágicos, provocan que los clientes quieran que esos espacios dejen de ser efímeros y formen parte de la verdad de su marca.
Pero los diseñadores también pueden ser sencillos y simplificar la belleza. Ibán Ramón y Didac Ballester resumieron en cuatro palabras lo que es para ellos el diseño: tinta, papel, tipografía y orden.
Los diseñadores tiene amigos de lo más variopinto. En la sección Amics de Blanc se oyeron cosas tan interesantes como: “los concursos son como las citas a ciegas: siempre hay alguna sorpresita”; o “el trabajo es como las bodas: puedes currar por amor o por dinero. Cuando se juntan las dos cosas, entonces es la bomba”. Pero de todos los “amics” me quedo con Soporte Comunicación y su manera de entender este negocio: “ilusión y positivismo para innovar y hacer cosas nuevas, siempre con el cerebro enchufado”.
Los diseñadores tiene un espíritu constructivo. Aprender siempre cosas nuevas, experimentar, buscar la inspiración en cualquier lugar… Son las máximas por las que se rigen, las que más repitieron durante el encuentro y con las que no puedo estar más de acuerdo.

En definitiva, me voy del Blanc queriendo más a los diseñadores y cargada de energía positiva, porque como dijeron Two Points “ni crisis ni leches. Ante todo, siempre sale el sol”.
Gracias por acoger a una intrusa en el Blanc.